MI AMIGA LÍA

11.01.2021


Escrito por: CGRM

Esta es la historia de mi amiga Lía, una mujer que siempre soñó vivir con amor, la recuerdo con su cabello largo y liso, unos ojos grandes color miel, su piel apiñonada, y como a toda mujer la enseñaron a soñar con su príncipe azul.

Desde niña vivió reprimida, no podía expresar sus sentimientos, hacía travesuras como todas las niñas pero su mamá se enojaba mucho y la regañaba. El papá de Lía era un hombre autoritario y poco amoroso, pensaba que siendo mujer Lía no debía estudiar o tener alguna profesión.

Fue creciendo con restricciones y en soledad, pues sus papás trabajaban mucho, sin embargo, esto no le quitó la alegría, le gustaba bailar, era sociable y quería disfrutar la vida. Pese a los conceptos de su padre, Lía se aferró a sus ideales, se puso como meta ser la mejor cosmetóloga y así demostrarle que él se equivocaba.

Cuando Lía tenía 20 años conoció a Roberto, su primer amor, su historia no prosperó, y ella sobrevivió a la decepción. Para entonces, sus padres estaban orgullosos por la mujer en la que había convertido, independiente y trabajadora.

Pasaron cinco años, de demostrarse a sí misma que podía hacer lo que se proponía, su vida transcurría entre maquillajes y el arte de pintar rostros, un día, camino al trabajo, entre sus apuros y distracciones chocó con alguien. Lía se quedó paralizada al ver al hombre que tenía enfrente; el tipo era bien parecido, formal, culto, sencillo y quizá de buena familia, con una mirada que podía despertar en más de una mujer admiración. Los ojos le brillaron a Lía y su corazón latía muy rápido. Ese día conversaron unos minutos y coincidieron una y otra vez.

Se llamaba Raúl, Lía pensaba que era el hombre de sus sueños, abrió su corazón de nuevo porque aunque tenía miedo, con él se sentía segura y amada. Se casaron y la luna de miel fue sencilla pero fascinante, quizá fue la mejor de sus noches.

Lía estaba muy feliz, Raúl pensaba lo contrario, le decía que tenía que dedicarle más tiempo a él, a su casa, a sus futuros hijos, y así la convenció de dejar su trabajo, ella aceptó. Cada vez le pedía más cosas; que no se maquillara porque al natural se veía más bonita, le controlaba el tiempo, y cuando él salía de viaje, la llamaba muchas veces, preguntando qué hacía, a dónde iba, a qué hora se dormía, o hasta qué comía, él siempre decía que la amaba mucho por eso se preocupaba tanto y que sin ella no sabría qué hacer.

Ella siempre hacía cosas para que Raúl se sintiera seguro de su amor, pues se ponía celoso cada vez que salían o alguien la miraba. Un día Lía se encontró a su mejor amigo de la academia así que les dio mucho gusto encontrarse, se dieron un abrazo y un beso de amigos. Raúl, se moría de celos, en ese momento no dijo nada, pero llegando a casa Raúl le empezó a decir cosas hirientes a Lía -"De seguro te acostaste con él", "si claro amigos, con derechos o qué"-, ella no sabía cómo hacerle ver a Raúl que solo era un buen amigo. Después de que la ofendió, Raúl le pidió perdón, la consentía, le decía que la amaba por eso eran sus celos, ella pensaba que en un matrimonio eran normal las discusiones, las ofensas y los empujones.

Lía poco a poco se empezó a apagar. Él le prohibió visitar a sus padres y hablar con sus amistades, a la menor provocación la amenazaba, la golpeaba e incluso intentaba asfixiarla.

Lía no sabía por qué seguía con Raúl si la lastimaba demasiado, aún en la intimidad se sentía utilizada, solo lo hacía para no tener problemas, "para cumplir como esposa" aunque se sentía la mujer más desdichada. A veces ella quería buscar ayuda y contar el infierno en el que vivía, pero tenía miedo de que Raúl la matara, sabía que era capaz de todo.

El día que tanto había evitado, llegó, Lía murió un 23 de marzo, era primavera, y quizá la primavera de su vida, una vida con muchas posibilidades, de ser cosmetóloga, de ser madre, pero sobre todo de vivir libre de violencia. El miedo no la dejó alzar la voz, pues Raúl la asfixió con la almohada de la cama en la que dormían juntos, la misma almohada que muchas veces Lía llenó de lágrimas y la única que supo de sus miedos, ese día Raúl le dijo que ya nunca más la golpearía, la asesinó.

Raúl confesó su crimen y fue condenado tan solo a dos años de prisión, y yo me pregunto ¿dos años serán suficientes para que Raúl pague por todo el sufrimiento que Lía vivió durante años?

Lía tuvo la oportunidad de escapar, pero no pudo, ustedes pensarán que quizá le gustaba vivir así, o que le tocó vivir así, pero nadie de nosotras estamos exentas de pasar por una situación de violencia, estás tan absorta, tan pendiente para que no se enoje tu agresor que te olvidas de ti misma, consentir sus deseos, es una autodefensa para seguir viva para que no te deje marcado el cuerpo.

Muy pocas personas lo comprenderán, solo quienes vivimos el mismo infierno entendemos el miedo que sintió Lía, algunas tuvimos la fortuna de salir con muchas cicatrices, de curar nuestras heridas y tener un nuevo comienzo, yo estoy aquí, hablando de la vida de mi amiga que ya no está, que murió en manos del hombre que un día amó, que se casó pensando que sería feliz para siempre como en los cuentos de las princesas.

Doy gracias Dios que puso en mi camino quien me ayudara, personas que me hicieron ver que nadie merece convertirse en víctima de violencia, porque no debemos pensar que somos propiedad de las personas que amamos. Nadie que dice que te ama te lastimará, nadie que te ama te quitaría la vida.