La vida fugaz que despertó la cuarentena

30.04.2020

Por Diana Manzo

"Cuando esto acabe ..." Así comienzan decenas de publicaciones que he visto en las redes sociales, algunos para decir que plantaran un árbol, otros que se darán muchos abrazos o que visitaran la playa, también que comerán aquel platillo que el encierro impide disfrutar, lo que es verdad es que estamos hechos de instantes, por eso la cuarentena despertó la vida fugaz que habíamos olvidado que significa vivir y que algunos no aprenderán.

En las comunidades indígenas, la zapoteca, de donde soy originaria, "la enfermedad" como llamamos al "Coronavirus" se vive de distinta forma, aquí la mayor parte de la población vive al día, tiene que salir de su hogar para poder llevar el sustento a casa, cubrir esta forma de vida le ha dado un matiz distinto a mi labor reporteril.

Un altavoz que se ubica a tres cuadras de mi hogar es mi despertador todas las mañanas, me da la hora, 6:00 en punto, también me cuenta de mi horóscopo- será verdad o no, pero me pronostica cómo le irá a Virgo durante el día- y remata diciendo "quédate en casa".

La vida se ha vuelto más sutil, camino por las calles, y miro un sin fin de mascarillas de diversos colores y diseños, pero en los rostros se pierden en esas texturas, ya no veo sonrisas, ahora el lenguaje son los ojos, que aunque no logro descifrarlos me cuentan que viven de temor, miedo y preocupación.

Confieso que he desafiado a la medida del quédate en casa y no he aguantado el encierro, he salido, no todos los días, pero sí he caminado por espacios públicos y pueblos, donde he visto que la vida se vive de distinta forma con una pandemia. Pueblos donde no hay agua, donde hace falta un hospital, médicos y medicinas, sitios donde si no trabajas no comes y donde "pues ya será de Dios si nos lleva esta enfermedad".

Me siento rara, nunca había usado un cubrebocas, sé que en esta pandemia no importan los gustos sino la salud, pero cuando veo a personas masivamente usarlos mis ojos se ponen tristes , ¿En qué nos hemos convertido, contra quién luchamos para salvar la vida? Y me respondo que la lucha de la sobrevivencia es cabrona, nadie quiere morir por COVID-19, ¿Pero, y que sabemos de las mil familias que este bicho les quitó a sus familiares, esas familias que perdieron a un ser querido por el COVID-19 ? . De ellos no hablamos, para nosotros son estadística, que es cosa peor y eso me causa remordimiento.

En las redacciones por fortuna las historias que he compartido se han publicado, he querido darle rostros a esta pandemia, que no se nos olvide que somos seres humanos y aunque nuestras vidas han cambiado, aún podemos reflexionar sí queremos repetir la vida de antes o alguna lección hemos aprendido.

La red familiar que tengo me ha fortalecido en esta cuarentena, reconozco que sin ellos, no podría salir a la calle, volver y teclear, no podría estar tranquila porque mis hijos les dan alimentos calientes a la hora de su comida. La familia es la familia y en esta pandemia la reconozco aún más.

No quiero extenderme, sé que ustedes también están saturados de información, qué vivir una pandemia no es nada sencillo y menos bajo encierro, qué seguramente algunos ya viven abrumados de la televisión, redes sociales y el WhatsApp, quién sabe, una pandemia para mí es como una estrella fugaz que mientras la contemplas, se esfuma.