A veces inmigrante, emigrante, siempre migrante

Por: Leticia Espinoza

Hace dos años durante una estancia académica en Bogotá, Colombia, caí en la cuenta de que no soy ni de aquí ni de allá. Soy parte de esa masa de personas que migran, en mi propio continente, en mi propio país, y en mi propio estado. Llevo casi la mitad de mi vida saltando para no ser como la rana, que como decía la poesía de Salmerón, en un charco nace, crece, se reproduce y muere.

En Colombia, siempre preguntaban de dónde venía la niña mexicana, les daba curiosidad. En el transporte al escuchar mi acento (tan bonito norteño), en la Universidad y en las pequeñas tiendas del barrio donde compraba mis alimentos. Después de asociarme con Pedro Infante, Thalía con sus tres Marías, con las series de narcos botudos que decían pinche, cabrón y puto, con las elecciones donde ganó la izquierda con AMLO, y claro las playas de Cancún, comenzaba mi historia.

"Vengo de la CDMX, ahí he vivido durante los últimos años estudiando en la Universidad Iberoamericana, pero mi casa casa está en Coahuila. Un estado ubicado en el mero centro- norte de México, mi estado es muy bonito, hay desde montañas con nieve, una laguna azul donde se cree que inició la vida y un inmenso desierto que antes fue mar..."-Sí, sí todo eso explicaba...- "En la capital, Saltillo está mi casa, su casa, ahí vive mi esposo, vivo en Saltillo casi desde que salí de la Universidad, pero en realidad yo soy de un pueblo más pequeño, ubicado a pocas horas de la frontera con Estados Unidos, soy de Castaños... desde ahí vengo"- y cuando había tiempo y las personas me daban confianza, sacaba el Google Maps para ubicar a los colombianos.

Uriel Lomelí y Elmyra Yvañez, académicos del Colegio de la Frontera Norte sostienen que la migración se asocia con el movimiento en el espacio, con un cambio de residencia habitual más o menos permanente y con el cruce de un límite geográfico entre países o al interior del mismo. Para ellos el migrante es aquel que traslada su lugar de residencia habitual de una división administrativa a otra: será inmigrante con respecto al lugar de destino y emigrante respecto a su lugar de origen. Entonces soy emigrante de Castaños, e inmigrante en Saltillo, fui emigrante de Saltillo e inmigrante en CDMX, así mi vida.

Mis primeras migraciones estuvieron asociadas al tema educativo, mi papá me dio esa primer lección, él migró de Bocatoche a la cabecera municipal de Castaños porque ahí solo había hasta tercero de primaria y la pequeña escuela rural amenazaba con cerrar, papá quería que mis hermanos estudiaran.

El fenómeno de migrar para estudiar se repite hasta nuestros días, Rubén Almejo y Aldo Hernández investigadores del Consejo Nacional de Población (CONAPO) analizaron la migración interna de la población con estudios superiores en México durante 2010-2015 y descubrieron que el contingente de los más jóvenes partió principalmente de áreas menores de 100 mil habitantes, dirigiéndose a las grandes metrópolis en la búsqueda de empleo y oportunidades académicas.

Los patrones que encontraron señalan que los jóvenes con estudios universitarios, dieron lugar a sistemas migratorios regionales, encabezados por las grandes metrópolis de México, las ciudades turísticas y algunas capitales estatales. Los de las ciudades pequeñas migraron hacia las más grandes dentro de su entidad federativa, y de las capitales estatales o ciudades con más de un millón de habitantes, el contingente de personas se desplazó hacia otros asentamientos del mismo rango de tamaño pero en otras entidades federativas.

Según ellos, el fenómeno está relacionado con la etapa de vida de estas personas: "recién graduadas, en búsqueda de sus primeros empleos profesionales, continuando con su formación académica mediante estudios de posgrado". Me representa, me representa.

Soy parte de esos flujos de mexicanos que migran en el interior del país, mis causas no son muy distintas a las de la mayoría, Jaime Sobrino al hablar de "Migración interna en México durante el Siglo XX" las explica bien: "la búsqueda de oportunidades y mejores ingresos, con la finalidad de transformar las condiciones económicas individuales o familiares e incrementar el nivel de vida, a los que subyacen las diferencias salariales entre las regiones, o los niveles más intensos de carencias".

La migración intermunicipal también va en aumento en México, lo que implica menos riesgos para quien migra, sin embargo, la migración interestatal es otro interesante fenómeno, el Inegi calcula que en 2005, unas 61 mil 166 coahuilenses ya tenían hechas las maletas para radicar en otra entidad, luego en 2010 llegaron 61 mil 636 personas a vivir a Coahuila procedentes de del resto de las entidades, para esas fechas por mi mente ya pasaba la idea de hacer mis maletas, pero me atreví a hacerlas años después.

Mi vida ha estado marcada por un origen y un destino, son dos palabras que veo en mis boletos de autobús, o en los "tiketes" de avión como dicen los colombianos. En la CDMX estuve casi tres años, apenas ahora estoy a punto de cerrar mi ciclo con ella, por mi mente pasó la idea loca de quedarme por más tiempo, todavía siento nostalgia: del ruido, del centro histórico con sus ambulantes, del olor a garnacha, de los mercados, de los tianguis, del punchis punchis de la vida nocturna, de los cafecitos, de sus museos, del silencio de sus bibliotecas, de la tierra que siempre se mueve, de sus alarmas sísmicas que te hacen correr en calzones, del gusano naranja que me llevaba a todas partes y hasta de los acentos chilangos.

De migrante, o de foránea como nos suelen llamar a los de mi especie, se aprende a sobrevivir y a vivir los lugares de destino, con roomies o sin roomies, (por cierto nunca se muden con alguien que tiene casa en el mismo lugar, no es lo mismo tener deseos de independencia que salir de casa por necesidad).

Hay muchas migraciones. Las que cruzan fronteras entre los países, y las otras que suceden sin hacer mucho ruido, como la mía, migraciones que hacen crecer las ciudades, que nacen quizá cuando de niña a uno la ponen a declamar la poesía de Salmerón: "Sí atrévete, no seas como la rana en creer que el mundo es solo un charco, más allá de tu calle, de tu pueblo, hay otras calles, otros pueblos... En fin, más allá de ese sol, que tu admiras hay otros soles mucho más grandes y refulgentes".