Violencia silenciada

Por: Paola Aguirre

"Fueron horas esperando, yo tenía súper duro el dolor de las contracciones, me dijeron que me faltaban tres milímetros, pero ya no aguantaba el cuerpo, sentía, no sé, no sé ni como explicarte. La beba ya quería salir, me metieron de urgencia, casi que me llevaban caminando. Estuve todavía esperando, no sé cuánto tiempo pasó, yo sentía que se me venía la bebé. Luego, encima diciéndome que pujara, que le echara ganas como cuando hice a mi bebé".

Es la historia de Yaneth y hay experiencias peores. Son repetidas situaciones de dolor y violencia que viven las mujeres al atender sus partos en instituciones públicas y privadas de salud. Muchas de ellas, viven el nacimiento de sus hijxs como un hecho violento y traumático, con acciones que son normalizadas en medio del alumbramiento.

Esta cadena de maltratos y violencia, muchas veces desde las consultas de seguimiento del embarazo, representa una violación de los derechos humanos de las mujeres. Desde una cesárea impuesta por decisión del ginecólogo, la indiferencia durante el parto, las frases hirientes y hasta los tocamientos sin respeto por la madre, son expresiones de la violencia obstétrica.

En su informe del año 2015, Grupo de Información en Reproducción Elegida, GIRE, define a la violencia obstétrica como una forma de violencia contra las mujeres que se genera en el ámbito de la atención del embarazo, parto y posparto en los servicios de salud públicos y privados, y consiste en cualquier acción u omisión por parte del personal del Sistema Nacional de Salud que cause un daño físico y/o psicológico a la mujer durante el embarazo, parto y puerperio, que se exprese en la falta de acceso a servicios de salud reproductiva, un trato cruel, inhumano o degradante, o un abuso de medicalización, menoscabando la capacidad de decidir de manera libre e informada sobre dichos procesos reproductivos.

Los modelos hospitalarios de atención obstétrica en el país y la deshumanización del parto han originado una problemática mayor de lo que se piensa, porque la mayoría de las veces esta violencia es normalizada y por supuesto, silenciada. Por primera vez, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, ENDIREH, en 2016, incluyó una sección para valorar la atención obstétrica que las mujeres recibieron durante el último parto, por parte del personal que las atendió.

De un universo de 32.8 millones de mujeres de 15 años y más que tienen entre 15 y 49 años de edad, es decir, 70.7% del total, 8.7 millones, tuvieron al menos un parto en los últimos cinco años, de octubre de 2011 a octubre de 2016. D ellas, 3.7 millones reportó que el nacimiento de su último hijo/a fue por cesárea.

En los últimos cinco años, 33.4% de las mujeres de 15 a 49 años que tuvieron un parto, sufrió algún tipo de maltrato por parte de quienes las atendieron. Normalmente, este tipo de violencia es ejercida por un hombre, pero también puede originarse del trato de una mujer. En México, estas prácticas están normalizadas entre el personal médico y obstétrico, así como en el entorno social y familiar, incluidas las propias mujeres que la padecen.

"Para mi representó más bien indiferencia. Mi parto fue en el IMSS, en Saltillo. No son para nada humanitarias las enfermeras, no te acompañan en el trabajo de parto, ni siquiera por humanidad te asisten. Y al momento de entrar al quirófano, prácticamente te las arreglas tu sola. Al cambiarte de la camilla a la plancha nadie te da apoyo, ni te dan la mano para poderte acomodar. Las enfermeras solo reciben al bebé y a la madre la arrumban en cualquier espacio de los pasillos. Según ellas para la recuperación antes de pasarte a piso", relata Elena.

Esta historia es el reflejo de lo que sucede en el estado. En Coahuila la prevalencia de la violencia obstétrica es de 36.1%, incluso por encima de la media nacional, pues este tipo de maltrato en los últimos cinco años alcanza el 33.4% de las mujeres que han tenido partos en instituciones publicas y privadas.

Con base en los resultados de la ENDIREH las formas más comunes de violencia en el parto para las mujeres son las siguientes:

Se negaron a anestesiarla o a aplicarle un bloqueo para disminuir el dolor, sin darle explicaciones

Le gritaron o la regañaron

Se tardaron mucho tiempo en atenderla porque le dijeron que estaba gritando o quejándose mucho

La ignoraban cuando preguntaba cosas sobre su parto o sobre su bebé

La presionaron para que aceptara que le pusieran un dispositivo o la operaran para ya no tener hijos

La obligaron a permanecer en una posición incómoda o molesta

Entender la salud de las mujeres como un derecho, implica la creación y generación de espacios seguros para la realización de partos. Es necesaria la capacitación de médicos y enfermeras en torno a las prácticas humanitarias y técnicas de atención para las madres y los recién nacidos.

Es indispensable visibilizar y nombrar estas historias, porque lo que han vivido millones de mujeres en México, como Yaneth y Elena, representa un grave problema que limita la libertad de decidir sobre nuestros propios cuerpos.