Partos convertidos en duelo


Por: Leticia Espinoza

"Por violencia obstétrica pude no haber nacido, pero aquí estoy para luchar por todas", se leía en el letrero que sostenía Margarita, mientras que al mismo tiempo cargaba a su hija en la marcha del #8M. Su pequeña era el motivo de caminar entre las miles de mujeres que como ella, exigen no ser silenciadas. Su grito fue para que las madres, y el personal del sector salud dejen de normalizar la violencia durante el parto.

En 2014 la ONU señaló que la violencia obstétrica es aquella ejercida por las y los profesionales de la salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, la cual se manifiesta a través de malos tratos, humillaciones, insultos, amenazas, en algunos casos golpes; negación o rechazo para el acceso a servicios, el abuso de medicación y patologización de los procesos naturales, entre otras formas de discriminación y desvalorización. Se trata de un tipo de violencia que según, María Casas, Presidenta del Colectivo la Manada en Saltillo, se agudizó, desde que la labor de parto se industrializó y el sector salud dejó de ver a las mujeres como seres humanos, convirtiéndolas en máquinas de tener hijos, incapacitándolas para sentir dolor.

Sin embargo, las mujeres son especialmente vulnerables durante el parto y las violencias que sufren en un momento que debería ser el mejor recuerdo de sus vidas se convierte en una tortura, como lo confiesan Margarita y Sofía, quienes lo único que desean en la vida es no volver a ver nunca a sus agresores, los médicos que las atendieron cuando dieron a luz.

El duelo de un parto

-¿Cómo que tienes VPH?- le preguntó el médico.

-Tuve VPH (Virus de Papiloma Humano) pero estuve en tratamiento- le respondió Margarita.

-No, tienes VPH, ¿sabías que eso no se quita, se puede tener controlado, pero no se quita, a poco no te dijo tu ginecóloga, ¿quién te atendió?-siguió cuestionándola.

-Particular, tuve más de quince revisiones en los nueve meses- afirmó segura.

-Me extraña que tu ginecóloga no te haya dicho, yo no sé porque estás esperando un parto- le dijo molesto.

-El doctor de la mañana me dijo que podía ser parto- defendió la paciente.

-Pues tu sabes, hiciste mal las cosas, si tu hija nace por parto le vas a transmitir el virus por la garganta, cualquier cosa que le pase va ser tu responsabilidad, yo no te voy a operar, tengo otros pacientes, y no tengo espacio- remató el médico.

Minutos más tarde, el aparato que registraba los latidos de su bebé empezó a pitar, la enfermera que la atendía torció la boca y fue con el doctor, ambos murmuraron, él se acercó para verificar el estado de Margarita y su bebé.

-¡Prepárenla!- ordenó.

-¿En serio doctor? replicaron enojadas las enfermeras que estaban en la sala.

-Te tengo que operar porque el ritmo de tu bebé está muy bajo, el mínimo son 120 y lo traes en 90, si dejamos que pase más tiempo, puede tener sufrimiento fetal- le advirtió el médico a Margarita.

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El doctor que atendió a Sofía no quería entrar a la sala de parto, hasta que le anunciaron que el bebé iba nacer: -le dije a la enfermera: ¡ya está a punto de salir!- La enfermera se asomó por debajo de su bata y apurada le gritó al doctor para que entrara.

"Nomás me dijo: -No pujes... Respira... Puja-. Y nació. Vi su cara tan espantosa y sus gestos. ¡Lo odié! ¡Era mi bebé!. Yo tenía hemorragia interna. Así que cuando nació, pues sí. Era mucha sangre coagulada, mi bebé ya empezaba a ponerse moradito por la falta de oxígeno. ¡Pero él era doctor con muchos años de experiencia! Y fue tan inhumano", cuenta Sofía.

De acuerdo a la declaración de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2014, "todas las mujeres tienen derecho a recibir el más alto nivel de cuidados en salud, que incluye el derecho a una atención digna y respetuosa en el embarazo y en el parto, y el derecho a no sufrir violencia ni discriminación". El maltrato, la negligencia o la falta de respeto en el parto según el organismo pueden constituirse en una violación de los derechos humanos fundamentales de las mujeres.

Margarita y Sofía, fueron víctimas de maltrato psicológico considerado como violencia obstétrica, la primera en un hospital del ISSSTE en Saltillo, Coahuila y la segunda en un hospital en Eagle Pass, Texas, violencia que por mucho tiempo callaron, y en medio del choque de emociones que sentían, lo único que querían era olvidar.

Máquinas de parir hijos

Para María Casas, quien se desempeña como Doula en Saltillo, la violencia obstétrica se empezó a ejercer desde que el parto se industrializó, cuando las mujeres embarazadas se convirtieron en máquinas de parir hijos, observándolas como seres incapaces de sentir dolor y tomar decisiones.

La labor de María consiste en acompañar a las mujeres desde el embarazo, en el parto y post parto, "Dula significa mujer sirve", su trabajo es crear las condiciones para que existan partos respetados y humanizados. En su experiencia, afirma que la mayoría de los casos de violencia obstétrica se presentan en clínicas particulares, aunque los hospitales públicos no están exentos, ahí abunda la violencia psicológica y verbal, y en general se invalida e infantiliza a las mujeres, es decir, los médicos no explican a las pacientes sus formas de proceder porque consideran que no los entenderán y deciden por ellas.

"El parto está tan sistematizado que quieren que la mujer trabaje como una máquina de hacer hijos, en el Muguerza o la Conchita pagas tu paquete y tienen el servicio solo por 12 horas, si tu parto se extiende, independientemente de cómo vaya el parto te pasan a la cesárea porque ya no puedes estar ocupando ese espacio, para ellos es perdida de dinero", señala María, Presidenta del Colectivo "La Manada" en Saltillo.

Y en otras ocasiones, son los mismos médicos los que infunden tanto miedo a las mujeres embarazadas sobre las condiciones del parto, que terminan pensando que el médico las salvó cuando lo único que hicieron fue violentarlas.

No tuve el parto que quería

Margarita no ha olvidado lo que su doctor le dijo el día que su niña nació. En aquel momento sintió que se le vinieron encima los cuatro años que vivió luchando contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), atendiéndose de forma particular para poder cumplir su deseo de ser madre, ese que fue realidad, una vez que su ginecóloga le indicó que ya estaba lista para embarazarse.

Cuenta su historia y no deja de llorar. Recuerda la sensación que la invadió, las lágrimas y los nervios, por el miedo a que el corazón de su bebé dejara de latir; la criminalización que sufrió por parte del médico al ser portadora de VPH la desestabilizó emocionalmente y su bebé lo resintió. Luego de que el doctor se había negado a operarla finalmente le practicó de urgencia una cesárea, escuchó el llanto de su hija, pero ninguna de las enfermeras le acercó a su niña, solo pudo verla a lo lejos.

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Era un día de eclipse de sol, Sofía llegó a la sala de urgencias del hospital porque la trasladaron de otra clínica donde habían monitoreado a su bebé, ahí le dijeron que "ya no había latido". Ella hubiera preferido parir en ese lugar sin tener que sufrir el viacrucis del camino al hospital y el trato inhumano del doctor que desde el principio se negaba a entrar a la sala.

"Sé que es normal que limpien y literal meten la mano, pero sentí que él metió hasta el codo, que me arañó por dentro. Fue horrible. Con mi otro niño, el doctor súper delicado me dijo lo que iba a hacer y que iba sentir, que tal vez era algo molesto, pero era para ayudar a sacar todo lo que quedaba para que el sangrado fuera menos y evitar infecciones", relata Sofía.

Recuerda muy bien el rostro del doctor, durante el parto nunca la volteó a ver, después de terminar su procedimiento no la volvió a revisar, nunca le dijo nada, las enfermeras se encargaron, y con el reflejo de asco en su cara el doctor se quitó los guantes, el mandil, y se fue.

Mujeres en todo el mundo como Margarita y Sofía sufren un trato irrespetuoso, ofensivo o negligente durante el parto, lo que representa según la OMS una violación de la confianza entre las mujeres y los profesionales de la salud que las atienden, y también puede ser un importante factor de desmotivación para las mujeres que buscan asistencia materna y utilizan estos servicios. Además, el organismo advierte que las mujeres son especialmente vulnerables durante el parto y estas prácticas podrían tener consecuencias adversas directas tanto en la madre como en el bebé.

María Casas, señala que la violencia obstétrica, derivada de un parto deshumanizado puede generar una desconexión entre la madre y el bebé: "Sienten rechazo y el entorno te invalida, se sienten deprimidas, pero les dicen no te quejes porque el bebé está sano, vivió, emocionalmente la madre está quebrada porque se siente abusada, ignorada. Hay un rompimiento del vínculo que puede desencadenar en una depresión o psicosis postparto y después nos sorprende ver noticias donde la mamá asesinó al bebé y nos preguntamos qué pasó para que esa conexión se rompiera", sentencia.

Explica que una depresión post parto puede afectar a largo plazo a la madre si no es atendida. En el caso de los niños, en los primeros tres años de vida se define su vida adulta; entonces un niño que no siente apego seguro con su madre, que la ve llorar constantemente, no tendrá un desarrollo adecuado.

María, quien trabaja desde el colectivo La Manda con mujeres en el posparto, dice que hay que cuidarlas, para que nombren y no repriman sus emociones, pues se necesitará más que una "cuarentena", para que una mujer que no tuvo el parto que soñó, sane por dentro.

No volverán a nacer

"Puedo jurar que aunque no le deseo mal al doctor, no quiero volver a verle la cara nunca más. ¡Fue tan horrible! ¡Tan frío! ¡Como si no fuera doctor! ¿Se supone que están acostumbrados a ver casos así?", dice Sofía al recordar a su bebé, el mismo que nació sin vida en medio de aquella fuente de sangre y la insensibilidad del doctor que la atendió.

"Mi niña no volverá a nacer, era un momento único que me robaron, lo más bonito se convirtió en el peor momento de mi vida, fuera de que ella nació, y si me preguntas, lo menos que quiero, es volver a embarazarme", afirma Margarita quien durante los primeros meses tuvo momentos en que ni quiera podía tocar a su bebé. Pasó tiempo, para reconocer que fue violentada durante el parto y de paso discriminada por el médico que la atendió por ser paciente con VPH, ha vivido soportando que minimicen su dolor porque le dicen que al fin y al cabo el médico trajo al mundo a su niña, desalentándola para denunciar.

La violencia obstétrica se normaliza y silencia. Pocas mujeres se atreven a denunciar, lo máximo que se hace es interponer una queja en los hospitales, mientras que las quejas en otros organismos resultan casi inútiles. Durante 2019, en México, la Comisión de Arbitraje Médico registró mil 158 quejas concluidas, de las cuales 94 se refirieron a la especialidad de ginecología y obstetricia. Dicha especialidad ocupa el quinto lugar con mayor número de quejas, de éstas al menos 22 se refirieron a motivos relacionados con la atención del parto y puerperio, sin embargo, en solo cinco la Comisión emitió un laudo, y en cuatro casos se comprobó que existió una mala práctica por parte del personal médico hacia las mujeres y sus hijos. Ante este desalentador panorama, mujeres como Sofía, al menos se atreven a contar la violencia que sufrieron en sus partos, nombrarla y protestar como lo hizo Margarita en la marcha del #8M les ayuda a que duela un poco menos.