Mujeres en movimiento

Por: Paola Aguirre

Salí con cautela de mi casa. Esperé a que todos se fueran para recoger un par de maletas, unas bolsas de plástico con ropa y marcharme. No, no me fui a otro país como hubiera querido en ese momento. Me fui de mi casa porque quería ser libre. Quería demostrar que podía ser independiente y vivir sola.

"Migré" por decisión propia y por salud mental. De la casa familiar me fui a vivir a otra. Era un departamento sencillo, con lo básico, en un rumbo que me gustaba y estaba ubicado a unas cuadras de un puente de ferrocarril, que era paso de hombres y mujeres migrantes.

La cruda imagen eran ellas con sus hijos en brazos pidiendo dinero a los automovilistas y peatones. La mayor parte del tiempo eran ignoradas y cuando alguien decidía apoyarlas lo hacían cuestionando el por qué habían salido de su país.

Una tarde caminando hacia mi departamento comenzó a llover. Corrí a guarecerme debajo de un techo. Ahí estaba Martha con un niño, envuelto en cobijas, acostado en el piso. Me sonrió y en silencio contemplamos las gotas de agua.

-Se está cayendo el cielo- me dijo. Luego sacó su celular y se puso a escribir un mensaje para su madre. Contó que había salido de El Salvador porque el crimen organizado mató al padre de sus hijos y a ella y a su familia la amenazaron de muerte. Su hijo mayor se quedó con su abuela.

Martha solo estaba de paso, viajaba con otra compañera y su pareja, pero al llegar a Coahuila decidió separarse y seguir por su cuenta. Su objetivo era claro y estaba consiente de que se iba a enfrentar al hambre, a la violencia, a la discriminación. "Una como mujer siempre está expuesta, una tiene que andar de aquí para allá" afirmó.

Como sucede en otras partes del país, la mayoría de las mujeres migrantes que atraviesan Coahuila son vulnerables a ser víctimas de abusos por parte de autoridades, de señalamientos sociales y si piden ayuda a hombres para que las transporten muchas veces su manera de cobrar no solo es con dinero sino con servicios sexuales.

Cada año, el número de mujeres que abandonan sus países crece. La feminización de la migración ha hecho visible este fenómeno, lo que obliga a la generación de políticas públicas que reconozcan y atiendan sus necesidades.

Como lo explica el estudio "Un Viaje sin Rastros, Mujeres migrantes que transitan por México en situación irregular", de las autoras Gabriela Díaz Prieto y Gretchen Kuhner, durante la experiencia migratoria, las mujeres continúan inmersas en las estructuras desiguales de poder, de modo que las relaciones que sostienen permanecen fuertemente afectadas por la violencia estructural de género.

Por lo tanto, se encuentran en una posición de desigualdad y vulnerabilidad desde el momento en que toman la decisión de migrar, durante el tránsito, e incluso en su inclusión en el mercado laboral en el país de destino.

Aunque la determinación de una mujer para viajar a otro país en busca de trabajo y oportunidades puede ser autónoma, muchas veces es tomada como parte de un acuerdo dentro de su familia, por lo que está influida por las relaciones de poder existentes con sus padres o su pareja. A esto, se suma la situación de violencia por la que atraviesa cada una. La mayoría en ese recorrido es invisible para el Estado.

Como Martha existen más, que llegan sin nada mas que la certeza de saberse en la necesidad de huir. ¿Por qué es importante la perspectiva de género en el fenómeno migratorio? Porque actualmente las mujeres representan el 48% de las que buscan un futuro fuera de sus países de origen, como documenta la ONU.

Pero si hablamos de migración interna las mujeres ya superan en numero a los hombres. El impacto de que una mujer abandone es grande, sobre ellas recae la responsabilidad de la crianza de los hijos, del sostén familiar. 

Juzgar el motivo del porqué las mujeres migran no nos corresponde, nos toca hacerlas visibles. Si, se trata de nosotras como seres con dignidad, de ejercer nuestro derecho a migrar con garantías, a no perder la esperanza ni la vida en el trayecto.