La (invisibilidad de la) violencia laboral en México

Por Adriana Ortega, Analista de datos de Intersecta.

En el último año pudimos ver tres cambios normativos que muestran la importancia que está adquiriendo, finalmente, el problema de la violencia laboral en México y en el mundo. A nivel nacional, en mayo del año pasado tuvimos la aprobación de una reforma a la Ley Federal del Trabajo que, entre otros asuntos, incorporó en la legislación la obligación de los centros de trabajo de contar con un "protocolo" para atender casos de hostigamiento y acoso sexual. 

De manera adicional, en octubre del año pasado entró en vigor la Norma Oficial Mexicana 035, que obliga a todos los centros de trabajo del país a atender los "factores de riesgo psicosocial" que afectan a las y los trabajadores, entre los que se encuentra la violencia laboral. En sede internacional, por otra parte, la Organización Internacional del Trabajo aprobó, en junio, el Convenio 190, dedicado a la violencia y al acoso en el mundo del trabajo. 

Es un tratado internacional único, con protecciones amplias para las personas y obligaciones claras para el Estado en lo que al combate de este problema se refiere. Si bien es un convenio que México aún no ratifica, su importancia no puede desestimarse: marca un antes y un después en la materia.

Dada la importancia normativa que está adquiriendo este problema, quisimos ver qué nos dicen los datos en México sobre su prevalencia. ¿Qué tan grande es el problema de la violencia laboral en el país? Lo primero que descubrimos al tratar de responder esta pregunta es la escasez de datos y análisis públicos que existen, en comparación con otros problemas. Con todo y esta ausencia, ¿qué podemos saber de la violencia laboral en México?

Para dar respuesta a esta pregunta, a continuación incluimos los datos más relevantes que se derivan de cuatro fuentes, todas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI): la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE 2019), la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (ECOPRED 2014) y la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH 2016). En conjunto estas encuestas muestran: que la violencia laboral en México afecta a miles de personas cotidianamente; que las manifestaciones de esta violencia son variadas; que proviene de una variedad de actores (no solo de las y los trabajadores), y que los centros de trabajo y los sindicatos tienen un papel importante que cumplir en la atención y resolución de este problema.

1. La ENOE

Para empezar: la violencia laboral es una razón por la cual miles de personas abandonan sus trabajos. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), durante el primer trimestre de 2019, alrededor de 23,542 personas abandonaron su lugar de trabajo debido a situaciones de acoso, con una tasa de 43.5 personas por cada 100,000 ocupadas. Es un problema que, al menos en la última década, no se ha logrado resolver: mientras que en 2010 la tasa de abandono laboral por acoso ascendía a 43.9 personas por cada 100,000 ocupadas, en el 2019 fue de 43.5. De hecho, en 2019 hubo un aumento de esta tasa de más del 60% con respecto al año anterior.

Si vemos la desagregación de este dato por sexo, podemos apreciar que, proporcionalmente, más mujeres que hombres han decidido abandonar su lugar de trabajo por esta razón.1 Este dato ha mantenido una tendencia clara al menos en los últimos diez años de registro: las mujeres son las que más abandonan -proporcionalmente- sus lugares de trabajo a causa del acoso; si bien -y esto es importante decirlo- hay años en los que la diferencia de género no es tan grande. En el 2019, por ejemplo, la tasa de abandono laboral por acoso en hombres fue de 40.3 por cada 100,000 ocupados, en contraste con 48.5 mujeres por cada 100,000 ocupadas. Tanto hombres como mujeres están optando por renunciar a sus empleos antes de seguir enfrentándose a este tipo de situaciones.

2. La ENVIPE

Por otro lado, otro indicador que consideramos relevante es la percepción de seguridad que mide la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE). De manera específica, vimos qué tan seguras se sienten las personas en diversos espacios -públicos y privados-, incluyendo su trabajo.

Los lugares que las personas consideran más inseguros a nivel nacional, son, en su mayoría los espacios públicos: el transporte público, la calle y los lugares de recreación. En contraste, la propia vivienda es el lugar donde las personas se sintieron más seguras. En lo que respecta al trabajo, un poco más de un tercio de las personas responden que lo perciben como inseguro. En todos los lugares hay una mayor percepción de inseguridad por parte de las mujeres.

Por otra parte, la ENVIPE muestra que en el trabajo las personas también son victimizadas. Al observar los delitos que suceden dentro del lugar de trabajo, podemos notar que la extorsión está en primer lugar tanto para hombres -representa el 42.6% de los delitos que les afectaron en el trabajo-, como para mujeres -representa el 38% de los delitos que ahí ocurrieron-. Otros en los que la diferencia por sexo es similar, son las amenazas verbales, con un promedio de 15% para ambos, fraude bancario con 9%, así como robo de accesorios y vandalismo, con 2.9% y 1.3%, respectivamente.

Los delitos en los que se puede ver una diferencia marcada por sexo, es principalmente en los "otros delitos sexuales", con 8% en donde la víctima es mujer a diferencia de 1.9% en donde la víctima es un hombre. Dicha categoría incluye las siguientes agresiones: hostigamiento sexual, manoseo, exhibicionismo e intento de violación. En contraste, resulta interesante mencionar que, en el caso de violación, no existe una diferencia tan clara como en el caso de estos últimos delitos.

La ENVIPE, por desgracia, no permite saber si quienes cometieron estas violencias tenían una relación laboral con la víctima. Esto es importante porque es posible que en el lugar de trabajo ocurran delitos perpetrados por desconocidos. Los casos los conocemos bien: están los asaltos a centros de trabajo o las extorsiones telefónicas -solo por mencionar dos ejemplos-. En la ENVIPE, sin embargo, se le pregunta a las personas el tipo de relación que tenían con los agresores, en caso de que los hayan visto y da cinco opciones: si estos eran desconocidos, conocidos de vista, conocidos de poco trato, conocidos cercanos y familiares.

Cuando se analizan los delitos que ocurren en el lugar del trabajo, por esta categoría (la relación con el agresor), hay delitos claramente perpetrados en su mayoría por "desconocidos" -robo, secuestro, extorsión-. Pero hay otros en que los "conocidos" aumentan significativamente. Entre estos delitos están las amenazas, las lesiones y los delitos sexuales. Esto nos indica que las personas pueden estar sufriendo en el trabajo dos tipos de violencia: la violencia generalizada, que también les impacta en su chamba y la violencia propiamente laboral, ejercida por quienes entran en contacto por su trabajo.

3. La ECOPRED

Otra encuesta que da luz acerca de la violencia que se vive en centros de trabajo, es la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (ECOPRED). Esta encuesta se realizó en el 2014 para medir, entre otros asuntos, la victimización sufrida por personas jóvenes, que tenían entre 12 y 29 años al momento de la encuesta.

De entrada, la agresión que más han vivido las personas que reportaron haber estado trabajando al momento de la entrevista son burlas, apodos hirientes, rumores, mentiras y/o exclusiones, ya que aproximadamente dos de cada diez personas experimentaron alguno de estos eventos durante el último año (al que se aplicó la encuesta). Es importante señalar que estos eventos no tuvieron gran diferencia por sexo, así como la incidencia en robo -con y sin violencia-, amenazas y extorsión. Por otro lado, conductas como tocamientos, son reportadas en mucho mayor medida por mujeres (6.8% contra 2.6%). Sin embargo, como indican los datos de la ENVIPE, al preguntar si vivieron algún encuentro sexual no deseado, la brecha por sexo disminuye, con 1.8% en el caso de las mujeres y 1.7% para hombres.

En lo que respecta a los responsables de las agresiones, la ECOPRED ofrece la opción de "compañero de trabajo" en su cuestionario. Más del 30% de las víctimas señalan a sus propios compañeros de trabajo como responsables de las burlas, apodos, rumores y conductas de exclusión que vivieron, mientras que para el daño a objetos personales en gran medida se señala que ellos son los responsables, sobre todo en el caso de las víctimas del sexo masculino, con 36.2%. Tratándose de ofensas sexuales, 20.1% de las mujeres señalaron a sus compañeros de trabajo como responsables de algún encuentro sexual no deseado, mientras que, para el caso de tocamientos, el 22.2% de los hombres los señalaron como agresores.

La ECOPRED no permite saber más sobre la relación entre la víctima y su "compañero de trabajo": ¿era su par, su jefe directo, el patrón? No sabemos. Solo sabemos que son personas con las que se tiene una relación laboral.

Por otra parte, la ECOPRED mide las violencias según el lugar en el que ocurrieron. Usando esta categoría, podemos ver que más del 35% de las burlas, apodos, rumores y exclusiones ocurrieron en el lugar de trabajo. Es interesante notar que para ambos sexos la incidencia es alta.

Otro tipo de agresión relativamente común en este contexto es el daño a objetos personales: el 40.2% de los hombres dijeron haberlo vivido en su trabajo, mientras que 34.4% de las mujeres pasaron por la misma situación. Algunas de las conductas en las que la diferencia es más notoria por sexo, es la extorsión2, el encuentro sexual no deseado, las agresiones físicas y los tocamientos. Las primeras dos tienen una mayor concentración de mujeres como víctimas, mientras que para las últimas existe una mayor representación de hombres. ¿Qué nos podrían indicar estos resultados?

Parece ser que algunas de las conductas características de la violencia laboral se viven de igual manera por hombres y mujeres. No obstante, es interesante observar que las mujeres representan el doble de las víctimas en comparación con los hombres que vivieron algún tipo de extorsión. Es posible que, debido a los roles de género tradicionales, así como la disparidad en las relaciones de poder, este tipo de eventos sean perpetrados mayormente hacia mujeres. En cuanto a los encuentros sexuales no deseados, las víctimas de sexo masculino representan solo una tercera parte de las mujeres que vivieron esta agresión (7.3% contra 20.8%), lo que coincide con la tendencia general de los delitos de carácter sexual.

Algo que llama la atención es que los hombres representan el 23.8% de las víctimas de tocamientos en comparación con 7.6% de las mujeres. Una explicación posible es que, si bien las mujeres representan el grueso de las víctimas de delitos sexuales, muchas de ellas las viven en otros espacios, tales como la vía pública y en sus propios hogares. En hombres, en cambio, cuando sí son víctimas de violencia sexual, es mucho más común que lo sean en sus lugares de trabajo, espacios, precisamente, en los que pueden estar imbricados en dinámicas de poder.

4. La ENDIREH

Por último, está la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH). Si bien esta encuesta solo se le aplicó a mujeres mayores de 15 años, por lo que no permite entender las experiencias de los hombres, proporciona de cualquier manera información importante sobre las violencias que ocurren en el ámbito laboral.

De entrada, los datos revelan que aproximadamente el 17% de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia durante su vida laboral, además de que, durante el último año (2016), 22% de las mujeres reportaron haber vivido algún incidente de discriminación.

De manera específica, al observar los incidentes de discriminación, el más común fue que las mujeres han tenido menos oportunidad que un hombre para ascender de puesto, con 11.5%. En segundo lugar, indican en un 10.3%, que no se les ha pagado lo mismo que a sus pares del sexo masculino por el mismo trabajo. En lo que respecta al embarazo, 5.3% dijeron que en su empleo les solicitaron una prueba al momento de contratarla y/o para conservar su empleo, y 2.2% señalan que, por haber estado embarazada, la despidieron, no le renovaron el contrato, o le bajaron el salario.3

Tratándose de los eventos de violencia, lo que las mujeres reportan que sucede con mayor frecuencia son los piropos ofensivos, con 7.4%. En segundo lugar, con 4.4%, se posicionan eventos de agresión emocional, tales como que la hayan humillado por el hecho de ser mujer, o que la hayan ignorado por esta misma razón, que le hayan dicho que las mujeres no pertenecen en el lugar de trabajo, o incluso que sus logros o ascensos se debieron a que sostuvo relaciones sexuales con algún superior.

En tercer lugar de incidencia, está el hecho de que superiores o compañeros le hayan ofrecido beneficios a cambio de relaciones sexuales, con 4.3%. En mucho menor medida, se presentan agresiones físicas como patadas o golpes con el puño, o que la hayan pellizcado, jalado el cabello o abofeteado, con 2%, así como los ataques con cuchillo o arma de fuego, con 0.5%. Los intentos de violación y las violaciones también se reportaron muy poco, con 0.7%.

Ahora, al indagar quiénes son los responsables de las agresiones, podemos ver que más de una tercera parte de estos son los propios compañeros y compañeras de trabajo, con 35.2%. Esta proporción se asemeja a los resultados previamente mencionados de ECOPRED. Por otro lado, las perpetradas por superiores o aquéllos que cuentan con un puesto de dirección -ya sea patrones o jefes, supervisores o gerentes-, suman 37.6%. Los responsables menos señalados son otras personas del trabajo, con 5.8%, y familiares del patrón, con 3.2%. El hecho de que la mayor parte de los eventos de violencia sean cometidos por personas que cuentan con autoridad dentro del lugar de trabajo de las mujeres nos indica que las relaciones dispares de poder siguen estando presentes aun cuando más y más mujeres incursionan en el ámbito laboral.

De manera más específica, la ENDIREH también nos permite cruzar el perpetrador para cada tipo de agresión. Si bien se puede apreciar que los compañeros tienen más peso en agresiones como piropos ofensivos, insinuaciones sexuales a través de mensajes o redes sociales, agresiones emocionales o discriminación, así como agresiones físicas y sexuales, hay otras en donde las dinámicas ameritan una posición de poder más consolidada. Este tipo de agresiones son: la oferta de beneficios por sostener relaciones sexuales, actos de venganza por haberse negado e incluso los intentos de violación y la violación consumada. En su mayoría son perpetrados por jefes o por patrones.

Por otro lado, aquellas mujeres que reportaron haber sido seguidas al salir de su trabajo, señalaron como principal perpetrador a alguna persona desconocida de su lugar de empleo, con 26.7%, seguido de algún compañero de su trabajo, con 24.2%. En este sentido, tratándose de los ataques con arma de fuego o cuchillo, la mayoría de los señalados fueron personas desconocidas de su empleo, con casi la mitad de los incidentes.

En cuanto al espacio en donde ocurren las agresiones, ocho de cada diez suceden dentro de los lugares de trabajo de las mujeres. El segundo lugar de incidencia son los lugares públicos, con casi 15%. De estos, 11.5% de las veces se trata de un lugar público cercano al trabajo. En menor medida se menciona alguna vivienda particular, con 4.3%, y el transporte público, con 1.1%.

Al observar las agresiones por lugar de incidencia, podemos ver que la que tiene mayor concentración en las instalaciones del trabajo son las agresiones emocionales y otros eventos de discriminación, con 86%, seguido de haberse vengado por negarse a tener relaciones sexuales (84.2%), y de haber ofrecido beneficios a cambio de esta misma condición (83.8%). La agresión que se registra en mayor medida fuera de las instalaciones de trabajo es haber sido vigilada o seguida, con 52.3% en lugares públicos cerca del trabajo.

Estos datos nos dan un panorama más amplio acerca de las diferentes situaciones de violencia que experimentan las mujeres en sus empleos. Vemos que, dependiendo del tipo de agresión, las personas responsables suelen tener diferentes tipos de relación con las víctimas.

Después de que ocurren las agresiones, los datos indican que seis de cada diez mujeres le cuentan a alguna persona sobre lo ocurrido. ¿Quiénes son las principales redes de apoyo de las mujeres? En su mayoría las mujeres se apoyan en su familia: 63.1% de ellas reportó haberlo compartido con algún familiar. En segundo lugar, aproximadamente el 49% le contó a alguna amiga o compañera, mientras que en un 40% le contaron a su pareja. Es interesante ver que aproximadamente 40% lo comunicó con algún superior, autoridad del trabajo, o alguna persona de su sindicato. Esto indica que un poco menos de la mitad de las mujeres podrían estar dispuestas a denunciar la violencia que ocurre en estos espacios -al menos internamente-.

En contraste con estas cifras, solamente 3.3% de las mujeres optaron por pedir apoyo en alguna institución, organización o asociación civil. De estas, 52.5% se dirigió a una institución pública no mencionada en el cuestionario, 21.6% se dirigieron a la Defensoría Pública, y, en tercer lugar, con 8.1% acudieron a algún centro de salud público. Otro 6.4% se apoyó de algún organismo o asociación civil, 3.5% recurrió a alguna línea de atención telefónica, y otro 24% lo hizo en otras instancias de gobierno, tales como Centro de Justicia para las Mujeres, INMUJERES y en el Instituto de las Mujeres de su estado o municipio.

En lo que respecta a las denuncias formales, solo el 6% de las víctimas decidió hacerlo. Es interesante que la mayor parte de las denuncias -seis de cada diez- se presentaron ante autoridades del propio lugar de trabajo o ante el sindicato. En este sentido, otro 10.2% presentó su denuncia en la Procuraduría de la Defensa del Trabajo. En menor medida, se recurrió al Ministerio Público, con 23.8%, y solo en uno de cada diez casos se llamó a la policía. Por último, el 7.2% presentó la acusación con autoridades municipales o delegacionales.

Los incidentes que más se denuncian son las agresiones emocionales y los eventos de discriminación, con 30.3%. En segundo lugar, se presentaron acusaciones por agresiones sexuales, con 23.6%. Resulta importante mencionar que las conductas que tienen que ver con el ofrecimiento de beneficios a cambio de relaciones sexuales, así como la perpetración de conductas de venganza por haberse negado, son denunciadas en menor medida, con 9% y 4.4% respectivamente. Otra agresión que parece no tener mucha incidencia en las denuncias es el intento de violación y la violación en sí, ya que esta proporción solo representó el 1.1%.

Al explorar lo que ocurre cuando las mujeres denuncian en sus espacios laborales, más del 80% reportó que les recibieron su denuncia. De este porcentaje, el 61.3% indicó que se inició una investigación para esclarecer su caso.

Una vez que la investigación inicia, el 23% de las mujeres reportaron que no tuvieron una resolución final. De manera específica, en 17.6% de los casos no hicieron nada para indagar y tratar de resolver el caso, y, en menor medida, la denuncia no prosperó por no haberse ratificado. Solo en 2.5% de los casos las mujeres no saben qué sucedió con el proceso. Por otro lado, la mayor parte de las denuncias tuvieron algún tipo de resolución: 35.2% de las investigaciones resultaron en castigo para el agresor, 22.5% de los casos concluyeron en cambiar a la víctima de área, y, en menor medida, (12.5%), se cambió al agresor de área. Es relevante notar que casi en el doble de los casos se opta por mover a la afectada por encima de cambiar al agresor.

Por último, nos resulta necesario saber cuáles son las razones por las que las mujeres no denuncian los incidentes de violencia en su trabajo. La mayor parte de ellas -casi 30%-, señalan que fue porque se trató de algo sin importancia.

La segunda causa es el miedo a las amenazas o consecuencias que esto pueda conllevar (13.5%). Otro 19% piensa que este proceso es una pérdida de tiempo o simplemente no lo hace porque no confía en las autoridades gubernamentales. Definitivamente hay algunos tipos de violencia que se encuentran normalizadas en todos los entornos y sin duda muchas mujeres temen a que sus agresores tomen represalias al exponerlos.

5. Conclusiones

¿Qué es lo que podemos concluir con esta información? Si bien la información con la que contamos actualmente acerca de las violencias que suceden en el ámbito laboral no es exhaustiva, estos datos nos presentan un panorama en el que podemos vislumbrar algunos patrones.

Primero: el acoso es una razón por la que hombres y mujeres dejan sus trabajos. Es un problema que no hemos podido resolver. Vaya: ni siquiera reducir. Segundo: las violencias que afectan a los y las trabajadoras son variadas, e incluyen a la violencia física, emocional, sexual y económica, incluso. También, podemos ver que para algunas manifestaciones de la violencia la incidencia por sexo es muy parecida. Usualmente las conductas en las que empieza a haber una mayor representación de mujeres es en las agresiones de tipo sexual.

Otro punto importante son quienes perpetran estas conductas. Tanto ECOPRED como ENDIREH pudieron darnos un indicio de que entre pares los incidentes de violencia son comunes. Por otro lado -algo que por el momento solo sabemos gracias a la ENDIREH- las conductas suelen diferenciarse cuando hay algún elemento de poder. Esto afecta también qué incidentes se denuncian y cuáles se siguen quedando en silencio. Consideramos que también sería importante explorar en qué magnitud estas situaciones las viven los hombres en sus espacios de trabajo.

Para poder lograr tener un panorama más detallado y completo es importante impulsar la gestión de fuentes confiables de información que nos ayuden a completar los vacíos que aún faltan por explorarse. La visibilidad normativa que está adquiriendo la violencia en el trabajo tiene que acompañarse de una visibilidad estadística también, por decirlo de alguna manera. Si queremos combatir este problema adecuadamente, tenemos que entenderlo. Y eso solo es posible con datos y análisis que arrojen luz a cómo se perpetra.

1 Al observar los números totales de hombres que abandonan su trabajo por acoso, parecería que ellos son los más afectados. Sin embargo, al calcular la tasa con base en la población ocupada, vemos que las mujeres tienen menor representación en el mercado laboral, por lo que, en proporción, ellas resultan más afectadas.

2 En el cuestionario, ECOPRED hace referencia a la conducta de extorsión de la siguiente manera: "Alguien te ha exigido dinero, objetos o favores para que deje de molestarte o te deje hacer tus actividades".

3 El filtro que se tomó para realizar el análisis de información es que la mujer encuestada haya trabajado al menos una semana durante los últimos cinco años a la fecha de aplicación de la encuesta (2011 a 2016).

Este texto fue publicado previamente en Animal Político: https://www.animalpolitico.com/blog-de-intersecta/la-invisibilidad-de-la-violencia-laboral-en-mexico/