Del embarazo adolescente y la soledad


"Atender a la niña es, estirarse hacia ella,

construir junto con ella ese espacio y

tiempo donde hablarse a sí misma,

escucharse, entenderse"

Cristina Zurutuz

Por: Cyntia Moncada, Matatena


Cuando en Matatena tomamos la decisión de sumarnos a la causa de las adolescentes embarazadas como nuestra, pensábamos en la soledad. La mayoría de nosotras, aún con una maternidad elegida y con muchos privilegios, nos sentimos solas durante los primeros años de vida de nuestra hija o hijo.

Apenas podíamos imaginar la soledad de las adolescentes embarazadas que, cuando se convierten en madres, dejan de ser un problema público, una cifra o el foco de atención y sus historias se diluyen. Olvidadas por el Estado, tienen que asumir la crianza solas o con ayuda de su entorno familiar cercano, muchas orilladas a abandonar la escuela (el 53% sólo tiene secundaria completa), disminuyen sus herramientas para desarrollarse profesionalmente y sus posibilidades laborales se reducen a trabajos precarios.

En una ocasión -durante una dinámica en un hospital al que acudimos a dar charlas- les preguntaron qué sintieron cuándo se enteraron del embarazo, la mayoría dijo: "Sentí miedo, pero supe que ya no estaría sola".

El embarazo adolescente en Coahuila, es desde hace varios años una de las problemáticas más preocupantes, porque la entidad fluctúa entre el primero y segundo lugar a nivel nacional. Las cifras vuelven una y otra vez a las páginas de los medios de comunicación, sin embargo, es un problema tan complejo que se requiere de un análisis integral que vaya más allá de saber cuántas nuevas adolescentes se embarazan cada año.

Gracias a una base de datos del INEGl, en la que se recogen los datos de las actas de nacimiento, podemos tener un acercamiento a conocer la magnitud de este problema.

Podemos saber, por ejemplo, que en 2018 y antes de cumplir 20 años, una de cada tres adolescentes que dieron a luz tenían dos hijos o más. Esto evidencia la necesidad de un protocolo de atención que dé un seguimiento integral luego de su primer embarazo, pero cuando dan a luz se quedan solas, solas enfrentando una maternidad para la que no están listas y que, en muchos de los casos, no desearon.

Violencia presente

No se puede analizar el embarazo adolescente sin hablar de violencia. Según información de la Secretaría de Salud de Coahuila, el rango de edad en el que mayormente se presenta violencia sexual es el de 15 a 19 años.

En la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016 (ENDIREH) el 40% de las adolescentes entre 15 a 24 años declararon haber sufrido algún tipo de violencia. Considerando que el 99.7% de los delitos de violencia sexual contra mujeres no se denuncia, el panorama es abrumador.

¿Cuántos de los embarazos en adolescentes serán originados por violencia sexual? Las adolescentes están solas, enfrentando violencia, abusos y una probable maternidad forzada en silencio.

¿Y los padres?

En el tema (también) los padres son los grandes ausentes. La mayoría de las políticas publicas otorgan toda la responsabilidad a las adolescentes y no se considera el papel que tienen los adolescentes y su paternidad en esta problemática. En un 13% de los nacimientos se desconocen los datos de los padres, pero sabemos que el 51% son mayores de 20 años.

Según la base de datos del INEGI, hay 20 hombres mayores de 50 años y 18 de 45 a 49 años que embarazaron a chicas menores de 19, ¿cuál es su responsabilidad? Las chicas se convierten en madres, su vida cambia para siempre, mientras que un hombre de 50 años seguirá embarazando niñas.

Criar en soledad

Cuando las chicas llegan a los 15 años ya han visto vulnerados sus derechos de múltiples formas y el Estado tiene una gran responsabilidad porque las niñas no están recibiendo una educación sexual integral, porque no tuvieron acceso a métodos anticonceptivos o no se están garantizando las condiciones para que pueda desarrollarse, si es que la relación fue consensuada; si fue producto de una violación, por no garantizarle una vida libre de violencia.

Cuando salen del hospital después de dar a luz, las perdemos del radar y quizá no tengamos noticias de ellas hasta que sus hijas o hijos entren a preescolar. Criarán en soledad. Las niñas y las adolescentes están solas. Enfrentan la maternidad apenas con las herramientas mínimas. Son víctimas de violencias silenciadas. Tienen que renunciar a sus estudios y asumir solas una responsabilidad que no es del todo suya.

Por eso hoy, en el marco del Día Mundial para la Prevención del Embarazo No Planificado en Adolescentes, en Matatena pensamos en la soledad.

Durante las charlas que les hemos dado en centros hospitalarios, hemos visto su mirada y encontramos a niñas aterradas y solas. Es necesario mirar a las chicas, reconocerlas, sin revictimizarlas ni sobreprotegerlas, "porque lo que es importante señalar - y se dice poco - es que muy probablemente la niña no ha tenido tiempo interno ni lugar seguro donde construir el significado propio de ese embarazo" (Cristina Zurutuza, 2018).


Fuentes:

Nacimientos, INEGI, 2018.

CLADEM, "Niñas Madres", 2016.