Cuando no eres dueña de tu cuerpo

Por: Maribel Sánchez

Un día decidí que ya no tendría más hijos. Lo dispuse cuando estaba embarazada del segundo, y ese día, creí que era dueña de mi cuerpo. Después me di cuenta de que no siempre iba a ser así.

Al hablar con mi doctor, le pedí que después de la cesárea aprovechara para cortar la única Trompa de Falopio que tengo y me realizara la salpingoclasia. El problema no fue mi doctor, que incluso, me dijo que el procedimiento no tendría costo extra.

Tampoco mi pareja fue el obstáculo, él apoyó mi decisión. Resulta que, quienes decidían sobre mi cuerpo, eran un grupo doctores del hospital (privado y muy pinche religioso) que integraban el consejo médico. Ellos fueron el obstáculo que no me permitía decidir sobre mi cuerpo porque "las normas del lugar no permiten la salpingoclasia por decisión propia". ¡Háganme el favor!

Argumentaron que su visión cristiana no les permite que una mujer decida cuántos hijos tener, sino los que "Diosito les mande", y, para que mi doctor pudiera realizar ese procedimiento, tenía que contar con la aprobación del chingado consejo ese.

Cuando supe tal cosa, me quise morir del coraje, que casi se me sale el chamaco de lo indignada que estaba. ¿Cómo es posible que les tuviera que pedir permiso a esos doctores mojigatos? Pues sí, literal lo tuve que hacer.

Meses antes, había contratado el paquete de maternidad y sería mucho más difícil buscar otro hospital y todo lo que requería para el parto. Entonces, en contra de mis ideales continué con el trámite para que estos señores me dieran su autorización para ya no tener hijos.

Tuve que acudir a las oficinas a pedir un formato que debía llenar mi doctor, argumentando razones médicas que justificaran que mi cuerpo ya no debería concebir, en lugar de solo decir "porque ya no quiero, es mi decisión y punto".

Mi médico llenó el formato explicando que era mi tercera cesárea, (que en realidad sí lo era), y no sé cuántas argumentos más, incluso que padecía de várices en las piernas, para que, dado lo riesgoso de mi situación, los doctorcitos aprobaran en su consejo mi procedimiento de salpingoclasia.

A casi tres años de esta experiencia, aún me cuesta mucho entender por qué gente externa a mí, tuvo que disponer sobre mi cuerpo solo por sus ideales católicos y morales, como si Diosito fuera a mantener (de una manera digna) todos los hijos que nos mande.

Ahora, con el paso del tiempo he entendido que esta situación fue una forma de violencia obstétrica, porque no pude tomar una libre decisión sobre mi maternidad y mi cuerpo, lo tuvieron que hacer unos doctores que, además, nunca tuvieron el gusto de conocerme.