Aborto y las mujeres de la sal y de nubes


Roselia Chaca/ colaboración de Tinta Brava para Proyecto Mujeres

Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. "Si abortas, cuando mueras te comerás lo que mataste", crecen escuchando las mujeres ikoots/huaves (nosotras mismas) que se arropan con la sal del Pacífico en San Mateo del Mar, un pueblo enigmático del sur de Oaxaca que permitió a las mujeres votar y ser votadas en asamblea hace no menos de 15 años, pero sigue estigmatizando y criminalizando a las mujeres de Ddser que brindan información en su lengua Ombeayiüts sobre el derecho que tienen a decidir sobre su cuerpo.

Separadas por la Laguna Superior de las ikoots, las binnizá/zapotecas (mujeres de las nubes) de estridentes carcajadas, esas que bailan entre ellas con total libertad, también crecen con el temor de abortar porque "es pecado" y en el "gabiá/infierno" lo pagarán. Pero, a pesar de todo, Antonia se practicó abortos de manera clandestina porque su vida estaba en peligro. A veces repite que "lleva dos pecados en el alma", pero que el arrepentimiento no se atraviesa por su mente: fue por su vida, tenía el derecho de salvarla y así lo hizo.

Por encima del miedo y la cosmovisión cultural, las mujeres de las cinco etnias (zapoteca, mixe, zoque, chontal, ikoots) que integran la región más estrecha del país, el Istmo de Tehuantepec oaxaqueño, siguen practicando el aborto clandestino a pesar de que en Oaxaca hace un año, el 25 de septiembre del 2019, se hizo historia cuando el Congreso del Estado modificó el Código Penal que permite a las mujeres decidir sobre su cuerpo y no se les criminalice por abortar en hospitales de los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO).

Antonia

La voz detrás del teléfono suena nerviosa, un poco apenada, aunque a veces se quiebra. Antonia tiene 66 años, es maestra jubilada, casi no habla de sus dos abortos practicados en una casa clandestina perteneciente a un conocido doctor de Juchitán hace 40 años. Le resulta un tema un poco escabroso y tabú, que hoy en día muy pocas personas entienden, aun cuando lo practicó para salvar su vida y con el acompañamiento de su esposo.

No recuerda la edad exacta cuando ocurrió, pero no llegaba a los 30 años; casada y con tres hijos, la última hija nació muy enferma. Un año entero recorrió hospitales con ella, así que el nuevo embarazo la llenaba de temor, los doctores le advirtieron que el bebé no sobreviviría o nacería con alguna enfermedad, y decidió junto con su esposo interrumpir el producto a un mes de haberse enterado. Lo hizo en casa de un médico, esposo de una amiga enfermera.

Al año siguiente, nuevamente se enteró que estaba embarazada. El doctor del ISSSTE al que acudió le advirtió que su salud estaba en riesgo, una enfermedad previa la dejó débil y su cuerpo no soportaría un embarazo más. Sin embargo, le insinuó que ellos no podían realizarle el aborto, que ella buscara cómo solucionarlo. Otra vez recurrió a una clínica clandestina y lo interrumpió.

"Dos veces lo hice porque el ISSSTE no me dio opciones, me decían que corría peligro mi vida y que el bebé nacería mal, casi, casi, me decían "ahora es tu problema, allá tú cómo lo resuelves". Yo no morí al abortar, pero cuántas mujeres no murieron hace 40 años, cuántas no mueren porque no tienen dinero para acudir a un médico preparado. Mi esposo a veces bromeaba diciendo que llevábamos dos pecados en el alma, pero siempre le repetía que yo seguía viva y no me arrepentía de la decisión", cuenta esta zapoteca quien pide cambiar su nombre en esta entrevista.

Antonia se enteró por las redes sociales y la televisión que en Oaxaca una mujer que pasa la misma situación que ella pasó hace 40 años, hoy tiene derecho a solicitar un aborto en un hospital de los Servicios de Salud de Oaxaca y no ser encarcelada, eso la emocionó hasta las lágrimas.

Se sigue practicando

En Juchitán muchas de las clínicas privadas practican abortos clandestinos, asegura el médico "José Ángel", que para no ser señalado y estigmatizado su consultorio pide también el anonimato. Este doctor y partero con más de 30 años de servicio confiesa que hace 20 años, cuando comenzaba realizó un aborto a una joven, pero sintió miedo cuando en una ocasión llegó una paciente con sangrado por aborto incompleto y decidió que ya no realizaría este proceso.

Señala que en Juchitán, con más de 100 mil habitantes, las clínicas que practican de manera secreta los abortos se han incrementado en los últimos años ante una gran demanda y considera que a pesar de los avances en la garantía de los derechos reproductivos de las mujeres la práctica clandestina se seguirá realizando porque para la mujer representa una buena opción al ser menos burocrático, más discreto y en dos horas concluyen el procedimiento, aunque representa un mayor costo.

"El aborto clandestino en la ciudad, en clínicas privadas se ha realizado siempre y creo que así seguirá porque es menos trámites y las mujeres salen en cuestión de 2 o 3 horas. A mí me han pedido asesoría pero no lo practico por un asunto moral", dice vía telefónica.

Celia Reyes, activista por los derechos de las mujeres y coordinadora regional de Fundación Restauración Nacional, coincide con el médico en el sentido de que en Oaxaca se sigue y seguirá practicando el aborto clandestino hasta que los responsables de la salud pública en el estado entiendan que sólo así se reducirá la muerte materna.

"Un año de esa gran decisión y hasta el día de hoy es ley muerta, no se aplica, los mismos doctores se niegan a realizarlo por un asunto de moralidad, de religión. En Oaxaca falta mucho para lograr que ese derecho se ejerza y se respete, sobre todo en las comunidades indígenas, donde muchas mujeres mueren por abortar" explica la activista.

Los datos

A un año de la despenalización del aborto en Oaxaca, los datos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSPO) indican que sólo una mujer de las 20 que estaban presas tras decidir interrumpir un embarazo, permanece en prisión en el Reclusorio Femenil de Tanivet.

De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de septiembre de 2019, cuando se aprobó la ley, a julio de 2020, 11 mujeres fueron denunciadas y enfrentan procesos por abortar después de la semana 12 de gestación y obligar a una mujer a abortar.

La diputada local Magaly López Domínguez presentó una iniciativa para anexar a la Ley Estatal de Salud "que el plazo para que se practique la interrupción a una solicitante no pase de 4 días, que se capacite al personal de salud para garantizar el derecho a decidir sobre su maternidad a pesar de posturas ideológicas o religiosas."

Las ikoots

Las mujeres ikoots de San Mateo del Mar caminan silenciosas por sus calles con sus huipiles y enaguas de colores fuertes y contrastantes, a diferencia de las zapotecas, son más discretas al hablar y hasta para reír. Además de compartir la vestimenta tradicional con las zapotecas, también abortan en la clandestinidad y con parteras, que son las madres del pueblo, las que se encargan de recibir a casi todos los niños y las niñas de la comunidad mareña.

Pero no todas se atreven abortar, de niñas se les susurra que si abortan "cuando mueran, en el más allá se comerán a sus bebés". Esta creencia las atemoriza, por eso muchas prefieren seguir con los embarazos no deseados y otras más mueren al dar a luz, reporta la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México (Ddser -Ikoots).

Hace 17 años que Ddser- Ikots comenzó a trabajar a favor de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en San Mateo del Mar. Desde esos primeros días, las mujeres del pueblo que integran la organización fueron estigmatizadas, muchas otras se alejaron de ellas por considerarlas "malas mujeres" o "pecadoras".

A pesar de que se despenalizó la interrupción del embarazo, las mujeres en Oaxaca son víctimas de la discriminación, señalamientos sociales y una barrera de creencias religiosas y culturales que las estigmatiza, por lo que no han conquistado del todo sus derechos.

Mucho antes de la reforma al Código Penal, por la radio comunitaria y en su lengua Ombeayüits, la organización comenzó a orientar a las mujeres sobre sus derechos reproductivos y hoy, después de los avances en Oaxaca, se atreven a pintar en las bardas del pueblo los derechos logrados después de años de lucha, aunque eso sea un motivo más para que sigan siendo rechazadas y señaladas.